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26 enero 2026
Nueva imagen, mismo compromiso

26 enero 2026
26 enero 2026
Nuestro nuevo logotipo nace de elementos que representan la esencia de los proyectos sociales coordinados por las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.
Nuestro nuevo imagotipo (combinación de imagen y letras que constituye una imagen de marca, y que comúnmente se llama logotipo), nace de elementos que representan la esencia de los proyectos sociales coordinados por las Hnas. Oblatas.
El signo visual principal (isotipo) de nuestra identidad institucional es la mujer, centro de nuestra misión que nos proyecta globalmente en la sociedad y en la Iglesia. También, los valores que nos han caracterizado, especialmente la actitud de acogida, apertura y sentido de familia, en torno a esa misión, por la cual vamos construyendo Reino en los lugares donde estamos presentes.
Se usan signos visuales que tienen un significado específico: una figura estilizada de una mujer
en el centro del logo con los brazos en alto, evocando libertad, dignidad, reconocimiento y esperanza. Nos recuerda que lo fundamental es poner en el centro a la persona, a cada mujer con su realidad y sus circunstancias, y en su proceso permitir que sea ella la protagonista de su propia historia. Las manos erguidas
simbolizan la acogida, actitud esencial para nuestra Familia Oblata y en el encuentro con las mujeres, donde se busca generar relaciones de igualdad y reciprocidad. Al mismo tiempo, se fusiona en forma de cruz, que nos evoca la redención liberadora de Jesús, integrándose de forma clara, dinámica y versátil. El círculo abierto
en nuestro logotipo representa la universalidad, recordándonos que nuestra misión se extiende a todos los rincones del mundo donde haya diversas formas de prostitución. Al mismo tiempo hace referencia a la pluralidad y apertura de la congregación que ha ido tomando rostros concretos en diversos países y culturas. Nos recuerda también que nuestra espiritualidad de encarnación–redención, nos lleva a situarnos ante la realidad de las mujeres en situación de prostitución o víctimas de trata con fines de explotación sexual, como tierra sagrada donde Dios habita y nos interpela.
Los dos colores corporativos escogidos son el morado
que simboliza compasión, dignidad, esperanza y transformación, y el azul profundo
que refleja la dimensión espiritual, la confianza, protección y sanación.